Un niño de dos años y medio, sentado a una mesa. Delante tiene una tarjeta con un círculo rojo. Debajo, dos tarjetas para elegir: un cuadrado rojo y un círculo azul. La instructora dice: «elige la igual».
El niño coge el círculo azul.
¿Ha acertado?

Figura 1. La mesa: muestra arriba, dos opciones abajo, el dedo del niño sobre el círculo azul.
Todo lo que viene después sale de esa pregunta. Dos investigadores mexicanos la contestaron desde ángulos distintos: Julio Varela preguntó qué sobrevive cuando cambio la situación; Emilio Ribes preguntó qué clase de contacto está teniendo este niño con lo que hay en la mesa. Interlaza usa las dos respuestas. Esta primera entrega cuenta la de Varela; la segunda cuenta la de Ribes y dónde se tocan las dos.
1. No existe «igual» a secas
Mire otra vez las tarjetas. El cuadrado rojo es igual a la muestra en color. El círculo azul es igual a la muestra en forma. La instrucción «elige la igual» no tiene respuesta hasta que alguien decide en qué hay que fijarse.
Ese alguien somos nosotros. El niño ha hecho algo perfectamente coherente: emparejó por forma. Solo es «error» si la instructora tenía en la cabeza el color. Nada en las tarjetas dice que emparejar por forma esté mal.

Figura 2. La misma muestra, dos respuestas «correctas» según el criterio: una flecha desde el círculo rojo al cuadrado rojo con la etiqueta «color», otra al círculo azul con la etiqueta «forma».
Esto tiene dos consecuencias prácticas, y las dos están en la app:
- Algunos errores son compatibles con otro criterio, y conviene comprobarlo en vez de darlo por hecho. Decir «falló» tira esa posibilidad. Decir «respondió por forma» la conserva — aunque una elección también puede venir de una preferencia de posición, una ayuda sin querer, cómo estaba dispuesto el material o variabilidad sin más, así que «respondió por forma» es en sí algo que verificar, no un veredicto.
- Un ensayo en el que la respuesta correcta coincide en todo con la muestra no revela qué dimensión está en juego. Si la opción buena es un círculo rojo idéntico, el niño puede acertar fijándose en el color, en la forma o en las dos, y el ensayo por sí solo no dice cuál — aunque sí confirma que el niño puede elegir correctamente en ese arreglo, que no es poco. Lo que no puede es distinguir entre los criterios posibles, y por eso hace falta después una comprobación que aísle una propiedad.
El nombre técnico, si hace falta: el criterio es lo que decide qué cuenta como correspondencia. Ribes lo dice de una forma que conviene guardar: las propiedades relacionales «no residen en los objetos»; las pone el que dispone la situación. En Interlaza, la instructora sostiene el criterio, y la app lo registra.
2. La pregunta de Varela: ¿qué sobrevive cuando cambio algo?
Supongamos que el niño ya empareja círculos rojos con círculos rojos sin fallar. ¿Ha aprendido «igual en forma», o ha aprendido esas tarjetas?
Varela propone contestar cambiando algo y mirando si el acierto se mantiene. Para poder decir qué se cambió, describe cualquier situación de emparejamiento con cuatro piezas:
| Pieza | Qué es | En la mesa |
|---|---|---|
| Instancia | El objeto concreto que se usa | Este círculo rojo, y no otro |
| Modalidad | La propiedad por la que se empareja | El color, la forma, el tamaño |
| Relación | La regla | «El igual», «el parecido», «el distinto» |
| Dimensión | El terreno en el que se juzga | Formas geométricas, palabras, cantidades |

Figura 3. Cuatro ruedas giratorias sobre la mesa, cada una con su etiqueta y un ejemplo: Instancia (otro círculo rojo), Modalidad (color → tamaño), Relación (igual → distinto), Dimensión (formas → cantidades).
Cada pieza puede quedarse como estaba (constante) o cambiar (variable). Si se cambia una sola pieza y el niño sigue acertando, sabemos que su acierto no dependía de ella. Ejemplos cotidianos:
- Cambio la instancia: le pongo un perro distinto del que practicó. ¿Sigue eligiendo «perro»?
- Cambio la modalidad: había que emparejar por color, ahora por tamaño. ¿Entiende que ahora manda otra propiedad?
- Cambio la relación: había que buscar «el igual», ahora «el distinto». Las tarjetas son las mismas; la respuesta correcta cambia.
- Cambio la dimensión: había que emparejar formas, ahora cantidades. Tres círculos ya no son «un círculo»: son «tres».
Con cuatro piezas que pueden cambiar o no, salen quince combinaciones (todas menos «no cambia nada», que no es transferencia). Varela las reunió en una tabla que llamó Matriz de Transferencia Competencial (1995). Y a lo que esa tabla mide le puso un nombre que también usa Ribes: desligamiento funcional, es decir, cuánto se ha soltado la respuesta del niño de las propiedades concretas que tenía delante cuando aprendió.
La tabla es un mapa, no una escalera
Aquí está el error más frecuente, y lo cometimos nosotros mismos durante meses. La tabla tiene quince filas numeradas, y el número invita a leerla como una escalera de dificultad: la fila 1 fácil, la 15 imposible.
No es así, y lo dijo el propio Varela. En 2001 puso a prueba cinco de las quince combinaciones con niños de 9 a 11 años y estudiantes de 16 a 20. Los niños rindieron mejor cuando cambiaban dos piezas a la vez (instancia y modalidad) que cuando cambiaba una sola (la dimensión). Y las dos combinaciones más difíciles, para las dos edades, fueron cambiar la relación y cambiar la dimensión, con independencia de cuántas piezas se movieran. Su conclusión, en su propio texto: llamar a las filas tipos de transferencia, no niveles, y «reconsiderar el orden jerárquico».

Figura 4. A la izquierda, tachada, una escalera de 15 peldaños. A la derecha, la alternativa: un mapa de 15 casillas del mismo tamaño, sin flecha de recorrido, con dos casillas sombreadas («cambia la relación», «cambia la dimensión») y la leyenda «las más difíciles en 2001, con una pieza o con tres».
El mapa tampoco es un caso cerrado: los propios factores de Varela no separan con limpieza las quince casillas, y algunas combinaciones son difíciles de distinguir con sus propios datos. Leerla como mapa y no como escalera corrige un error; no certifica que las quince filas estén igual de bien establecidas.
Consecuencia para Interlaza: la app nunca dice «nivel 4 es más difícil que nivel 1», ni recorre la tabla en orden. Las sondas de Interlaza funcionan igual —unos pocos ensayos en los que se cambia una pieza, sin decirle al niño si acierta— y cubren las dos combinaciones que la investigación de Varela señala como más accesibles, aunque no desde la misma puerta. Cualquier etapa con criterio de dominio puede reservar ejemplares sin entrenar y sondar con ellos (cambiar la instancia); la actividad de criterio alternante, que se cuenta en la segunda entrega, es la que añade una sonda de qué propiedad decide la respuesta (cambiar la modalidad) — y solo donde el conjunto de conceptos de esa etapa lo permite. Donde corre cualquiera de las dos, el dato es claro, y al niño no se le ha hecho una pregunta más difícil de la que se le enseñó a responder.
3. La pareja de arriba
Hay un detalle del procedimiento de Varela que parece pequeño y no lo es. En sus ensayos, antes de la muestra, aparece una pareja de estímulos arriba. Esa pareja no es decoración: muestra la regla del ensayo con otros ejemplos.
Si arriba hay dos puntos y dos puntos, la regla es «igual cantidad». Si arriba hay tres puntos y dos puntos, la regla es «cantidad parecida». La muestra y las opciones de abajo pueden ser las mismas en los dos ensayos; lo que cambia la respuesta correcta es lo que la pareja de arriba ejemplifica.

Figura 5. Dos ensayos lado a lado con la misma muestra (3 puntos) y las mismas opciones (3, 4 y 8 puntos). En el primero la pareja de arriba es «2 y 2» y la respuesta marcada es 3. En el segundo la pareja es «3 y 2» y la respuesta marcada es 4. Debajo, la frase: «La pareja de arriba no da la respuesta; enseña la regla con otros ejemplos.»
Varela llama a esa pareja «el ejemplar» y a la muestra con sus opciones «el ejemplo», y en 2006 escribió la frase que resuelve cualquier duda: «la respuesta correcta depende de los estímulos de segundo orden que se presenten en cada ensayo». El niño tiene que extraer la relación de arriba y trasladarla abajo; ese traslado es la tarea.
Lo contamos porque en Interlaza lo hicimos al revés durante un mes: construimos la pareja para que «no revelara la relación», pensando que si la mostraba el niño copiaría. Era exactamente lo contrario del procedimiento publicado, y todos los datos de aquella versión están marcados como no válidos. La regla ahora es fija: la pareja ejemplifica la relación, y la app la usa así en la actividad de criterio alternante, que se cuenta en la segunda entrega.
Lo que queda para la segunda entrega
Hasta aquí, la pregunta de Varela: qué sobrevive cuando cambio algo. Falta la de Ribes —qué clase de contacto está teniendo el niño con las tarjetas—, la advertencia de que acertar no dice en qué contacto se está, y el estudio de 2009 en el que Ribes usó las pruebas de Varela como respuesta a su propia pregunta. Todo eso está en la segunda entrega, junto con las cuatro decisiones concretas que Interlaza toma con las dos preguntas.
Glosario en tres pasos
Cada término, en el orden que pide el propio artículo: ejemplo → explicación → nombre.
- Un perro distinto del que practicó → el objeto concreto → instancia.
- Antes mandaba el color, ahora el tamaño → la propiedad por la que se empareja → modalidad.
- Antes «el igual», ahora «el distinto» → la regla → relación.
- Antes formas, ahora cantidades → el terreno en el que se juzga → dimensión.
- Acertar con tarjetas que nunca vio → soltarse de lo concreto → desligamiento funcional.
- Una pareja arriba que enseña la regla con otros ejemplos → estímulos de segundo orden.
- Acertar cambiando algo, sin que nadie diga si acertó → sonda de transferencia.
Fuentes: Varela, J. y Quintana, C. (1995). Comportamiento inteligente y su transferencia. Revista Mexicana de Análisis de la Conducta, 21(1), 47-66. — Varela, J., Padilla, M. A., Cabrera, F., Mayoral, A., Fuentes, T. y Linares, G. (2001). Cinco tipos de transferencia. Revista Mexicana de Análisis de la Conducta, 27(3), 363-383. — Varela, J., Martínez-Munguía, C., Padilla, M. A., Ríos, A., Avalos, M. L. y Jiménez, B. (2006). Primacía visual: transferencia ante el cambio de la relación entre estímulos. Revista Latinoamericana de Psicología, 38(1), 119-135. — Ribes-Iñesta, E. (2018). El estudio científico de la conducta individual. Manual Moderno, cap. 10. Las referencias completas están en nuestra página de ciencia.