Enseñar sin errores

El refuerzo positivo, bien entendido: lo define el efecto, no la intención

Qué es de verdad el refuerzo positivo, por qué el elogio no siempre refuerza y las cuatro cosas que hacen que funcione o que deje de funcionar.

Para: Familias Instructores

Por INTERLAZA 5 min de lectura

«Refuerzo positivo» se usa casi siempre como sinónimo de «portarse bien con el niño». No es eso, y la diferencia importa porque explica por qué a veces no funciona nada.

Un reforzador es aquello que, entregado después de una conducta, hace que esa conducta ocurra más. Se define por lo que pasa después, no por lo agradable que parezca. Si llevas dos semanas elogiando y la conducta no sube, el elogio no es un reforzador para este niño en este momento, y seguir insistiendo no lo convierte en uno.

Que sea «positivo» solo significa que se añade algo después de la conducta — un sonido, un objeto, atención. (El refuerzo negativo funciona al revés, retirando algo; los dos pueden fortalecer una conducta, y ninguno de los dos nombres juzga si la conducta en sí era buena.)

Figura — Observar el efecto en nuevas oportunidades

Un niño hace rodar una pelota, un adulto se la devuelve y después observa otra oportunidad de juego con un cuaderno.
  • Respuesta
  • Consecuencia
  • Observar qué ocurre en oportunidades posteriores
Devolver la pelota es una consecuencia posible; llamarla reforzador requiere observar su efecto sobre la respuesta en oportunidades comparables. La sonrisa del niño o la intención del adulto no lo demuestran. Estas viñetas explican qué observar: no son datos ni presentan una mejora medida.

Las cuatro cosas que lo deciden

Qué es. Se averigua mirando: ¿qué elige cuando puede elegir? ¿A qué vuelve solo? Pon tres cosas delante y observa cuál coge primero, varias veces. Eso vale más que cualquier lista de premios — y dice qué prefiere el niño, todavía no que funcione como reforzador. El siguiente paso, más abajo, es comprobar si entregarlo mueve de verdad una conducta.

Cuándo llega. Es donde falla la mayoría. Un reforzador que llega tres segundos tarde corre el riesgo de reforzar lo que el niño estuviera haciendo en ese hueco, no la respuesta que querías premiar — no siempre acierta con lo equivocado, pero no hay forma de saber en qué ensayos sí. Inmediato significa en el mismo momento, no al terminar la sesión.

Con qué se relaciona. Tiene que llegar por la conducta y no por el rato. Si al final igual se consigue, el niño aprende que esperar funciona.

Cuánto hay. Un trozo pequeño mantiene el valor; un cuenco entero se lo carga en dos minutos. No hay una ración correcta fija — depende del niño y del reforzador —, pero un trozo lo bastante pequeño como para dejar sitio a otro ensayo suele aguantar mejor que uno que agota el interés de golpe.

La saciedad y su contraria

Nada agota un reforzador más rápido que usarlo mucho. Si las pompas son lo mejor del mundo el lunes y a media semana ya no, la saciedad es una explicación posible, no la única. El cansancio, un cambio en lo que rodea la actividad o perder interés de verdad se ven igual desde fuera; lo que distingue una cosa de otra es observar qué pasa al cambiar por otro reforzador.

Un remedio sencillo: ten tres o cuatro reforzadores en rotación en vez de depender de uno. Si la enseñanza depende de un solo reforzador fuerte, usarlo para todo durante todo el día lo agota justo cuando hace falta — el arreglo es la variedad, no privar al niño de cosas que ya disfruta.

Lo contrario también ocurre: cuánto quiere algo un niño depende de su estado en ese momento, y ese estado cambia a lo largo del día — un aperitivo justo después de comer no se recibe igual que el mismo aperitivo una hora más tarde. Eso es motivo para fijarse en el momento, no para retener comida o acceso con el fin de aumentar las ganas: privar a propósito es una decisión clínica, no una estrategia para casa.

Lo que se puede y lo que no se puede afirmar

Que una conducta suba con un reforzador es un hecho comprobable. Que el niño «esté motivado» o «disfrute más» es otra cosa, y no se puede leer de una hoja de conteo.

Una semana de observación es una comprobación aproximada, no una prueba. Muchas cosas pueden mover un conteo aparte del reforzador — un buen día, un cambio en el colegio, variabilidad normal. Lo que hace fiable la comparación es repetirla en condiciones parecidas: ¿vuelve a subir la conducta al reintroducir el reforzador tras un descanso, y baja al retirarlo? Un solo antes/después no descarta la casualidad; un patrón que se repite sí hace ese trabajo.

Y hay un límite que conviene tener presente: nada de esto sustituye a averiguar por qué ocurre una conducta difícil. Reforzar una alternativa cuando no se sabe qué mantiene la conducta original es un tiro a ciegas, y esa parte es de tu Instructor o de un BCBA que supervise, no de la práctica en casa.

Cómo termina

El objetivo es que la actividad se sostenga por lo que produce sola, no un niño que trabaje por fichas para siempre: la petición que consigue la cosa, el juego que sigue, la tarea que termina.

Por eso el refuerzo se va retirando poco a poco cuando la conducta ya es sólida, pero solo entonces. Retirarlo mientras se está aprendiendo es el error más común en la dirección contraria, y produce un niño que deja de intentarlo justo cuando estaba empezando a conseguirlo.

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