La igualación a la muestra (en inglés match-to-sample, MTS) es uno de los procedimientos más estudiados del análisis experimental del comportamiento. La tarea es deliberadamente simple: el niño o la niña ve una muestra y elige, entre varias opciones, la que empareja con ella. Detrás de esa simplicidad hay un mecanismo extraordinariamente potente para enseñar conceptos, lenguaje y razonamiento relacional.
En este artículo vamos a ver cómo funciona la igualación a la muestra, por qué con unos pocos tipos de ensayo se puede entrenar un conjunto abierto de relaciones, y qué entrena el procedimiento en la práctica.
Este artículo es la introducción breve. Si vas a meter la igualación a la muestra dentro de un programa y necesitas el detalle ensayo a ensayo —cómo se arma un ensayo, los niveles de ayuda y su desvanecimiento, qué registrar y cómo leer después los datos—, la guía completa de igualación a la muestra lo cubre, y hay un PDF.
El procedimiento
Una sesión de MTS se compone de muchos ensayos. En cada ensayo hay tres elementos:
- Una muestra (sample), arriba o en el centro de la pantalla.
- Dos o más comparaciones (comparison stimuli), debajo.
- Exactamente una de las comparaciones empareja con la muestra. Las demás son distractores.
El niño o la niña toca la comparación que cree correcta. Si acierta, recibe feedback positivo y avanza. Si falla, no hay refuerzo y el sistema reajusta el ensayo o la dificultad.
A simple vista parece un juego de “encuentra la pareja”. Pero el secreto está en cómo se varían las muestras y las comparaciones ensayo a ensayo: a través de esa variación, el niño no aprende la respuesta a un ensayo concreto, sino la relación entre la muestra y la comparación correcta. Que esa relación se mantenga después con estímulos que el niño nunca ha visto es para lo que sirve una sonda: el procedimiento apunta a eso, no lo garantiza por sí solo.
Por qué funciona
Tres razones lo hacen único:
No necesita lenguaje previo. Un niño no necesita saber decir “pájaro” para aprender que la foto de un pájaro empareja con el pictograma de un pájaro. Esto hace que el MTS sea accesible para niños que todavía no usan lenguaje oral, o que lo usan poco, y al mismo tiempo permite enseñar el lenguaje desde cero.
Permite aprendizaje sin errores. Las opciones incorrectas pueden aparecer atenuadas (más transparentes, más pequeñas) al principio, de modo que el niño acierte por diseño. El desvanecimiento sistemático de esas ayudas encamina el éxito inicial hacia la competencia real, y busca evitar que los errores repetidos al principio se conviertan en fuente de frustración — no promete que no vaya a haber ninguna.
Busca generar generalización. Cuando se entrena correctamente a través de muchos ejemplares, el niño debería dejar de responder a un estímulo concreto y empezar a responder al concepto — la diferencia entre memoria y comprensión. Si eso ocurrió, y hasta dónde llega, es una pregunta para una sonda, no algo que la propia sesión de enseñanza pueda certificar por sí sola.
Cinco ejemplos: lo que cambia es la relación
La mayoría de los ejercicios de Interlaza usan este procedimiento: muestra arriba, comparaciones abajo, el niño elige una. (No todos: la app también registra tasa y duración de conductas observadas fuera de la tablet, y tiene un modo de emparejamiento de estímulos en el que no se le pide ninguna respuesta al niño. Esos no son ensayos de igualación y no se miden como tales.)
Lo que cambia de un ensayo de MTS a otro es la relación entre la muestra y la comparación correcta. A veces esa relación es de identidad, a veces es “es lo mismo aunque no lo parezca”, a veces “es lo opuesto de”, “ocurre antes de”, “es un tipo de” o “está dentro de”. El MTS es el procedimiento; la relación es la variable.
A continuación, cinco ejemplos ordenados de más simple a más complejo.
1. Igualación por identidad
La muestra y la comparación correcta son físicamente la misma imagen. La foto de un pájaro empareja con esa misma foto del pájaro; el distractor es otra cosa. Es la tarea más sencilla de las cinco y no exige todavía ninguna noción de categoría: basta con notar que dos cosas se ven igual.
2. Igualación no idéntica (el mismo concepto, otro ejemplar)
Aquí muestra y comparación correcta ya no comparten la misma imagen: son el mismo concepto representado de dos maneras. Una foto real de un pájaro empareja con el pictograma de un pájaro. Eso descarta el emparejamiento por apariencia más simple — pero no descarta por sí solo cualquier atajo visual, porque una foto y su propio pictograma pueden compartir silueta o color. Confirmar que el niño responde por categoría y no por un rastro visual que quedó por medio es lo que comprueba una sonda con imágenes que no guardan relación entre sí.
En la app estos dos casos son tipos de ejercicio distintos, y en ese orden: primero identidad, después no idéntica.
3. Igualación auditiva (sonido → imagen)
La muestra es un sonido o una palabra oída, no una imagen. El niño toca un altavoz, escucha “manzana” y elige la imagen de la manzana entre varias opciones. Esto entrena lenguaje receptivo y prepara la base auditiva del vocabulario antes de que la lectura entre en juego.
4. Palabra escrita → imagen
La muestra es la palabra escrita (sin imagen) y el niño elige la imagen que le corresponde. Esto es exactamente la relación mental que la lectura exige: ver “manzana” y representar mentalmente la manzana. Es preparación lectora natural, sin libros y sin presión.
5. Asociación (cosas que van juntas)
La muestra es una vaca, y entre las comparaciones aparece un vaso de leche, no otra vaca. Para acertar, el niño tiene que conocer una relación que no es ni de identidad ni de categoría: la vaca y la leche van juntas porque una produce la otra.
Merece la pena decir con claridad qué es y qué no es esto. Es una relación funcional, del mismo tipo que calcetín→zapato o pájaro→nido, y hay que enseñarla como cualquier otra. No es equivalencia de estímulos, aunque a veces se cuenta así: la equivalencia es un fenómeno mucho más concreto, y va en la sección siguiente.
Con estos cinco casos ya se ve el patrón: el procedimiento no cambia, la relación sí. Lo que viene ahora es lo que hace que el MTS deje de ser “encontrar la pareja”.
Las relaciones derivadas de Sidman
A principios de los años setenta, Murray Sidman describió algo notable (Sidman, 1971). Si enseñabas a un niño solo dos relaciones — A → B (la palabra oída “manzana” empareja con la foto de la manzana) y A → C (la misma palabra oída empareja con la palabra escrita MANZANA) — aparecían después, sin entrenarlas:
- Simetría: B → A y C → A, o sea, las mismas dos relaciones entrenadas del revés.
- Transitividad: C → B, la palabra escrita con la foto, que es exactamente el ensayo del ejemplo 4 — y que aquí nadie ha enseñado.
- Equivalencia: cuando simetría y transitividad se cumplen las dos, la clase se cierra — se cumplen las nueve relaciones posibles entre A, B y C, no solo las dos que se entrenaron.
Ese es el sentido técnico de “equivalencia”: no “dos cosas que van juntas”, y tampoco una sola relación derivada por sí sola, sino el conjunto completo y cerrado de relaciones que aparece sin haber sido entrenado, cuando simetría y transitividad se cumplen las dos. Y para saber si ha ocurrido hay que probarlo: unos ensayos sobre la relación que no se enseñó, sin ayudas y sin decirle al niño si acierta. Sidman propuso esto como uno de los marcadores conductuales del pensamiento simbólico: tratar estímulos relacionados de forma arbitraria como si fueran “lo mismo”.
La implicación práctica es la que importa: un programa bien diseñado puede acabar con más relaciones de las que enseñó. Cuántas más, y en qué plazo, depende del niño y del programa — no hay un número que valga para todos, y cualquier cifra que se dé sin la sonda que la comprobó es una promesa, no un dato.
La Teoría de los Marcos Relacionales (RFT)
Steven Hayes, Dermot Barnes-Holmes y colaboradores extendieron el trabajo de Sidman en una teoría más amplia. La Teoría de los Marcos Relacionales (RFT, por sus siglas en inglés) propone que el lenguaje humano consiste en aprender familias de relaciones, no relaciones aisladas. Algunos ejemplos:
- Coordinación (igual que): A = B = C.
- Distinción (diferente que): A ≠ B.
- Oposición: A es lo opuesto de B (caliente / frío, alto / bajo).
- Comparación: A es mayor, menor, más rápido o más alto que B.
- Jerarquía: A es un tipo de B; B es un tipo de C (un perro es un mamífero, un mamífero es un animal).
- Temporales: A ocurre antes de B; A ocurre después de B.
- Espaciales: A está encima de B; A está dentro de B.
- Deícticas: yo / tú; aquí / allí; ahora / entonces.
- Causales: A causa B; A se sigue de B.
Cada una de estas familias se puede entrenar y comprobar con ensayos de MTS. Las demostraciones de Sidman cubrieron la equivalencia — la identidad, esencialmente el marco de coordinación; desde entonces, los investigadores de la RFT han estudiado la respuesta derivada también en los demás marcos, con la evidencia más sólida en coordinación y más escasa en algunos de los otros. Donde se ha demostrado, un marco entrenado genera relaciones derivadas que el niño aplica a estímulos nuevos sin necesidad de instrucción adicional.
Eso es lo que queremos decir cuando hablamos de relaciones “infinitas”: con la combinación correcta de pocas relaciones entrenadas, un niño construye un repertorio simbólico que se expande exponencialmente. Cada nuevo concepto que entra en el sistema abre relaciones con los que ya estaban, no solo se añade a la lista. Cuántas de esas relaciones aparecen en un niño concreto es, otra vez, una pregunta para la sonda.
La matriz de transferencia de Varela
Si el MTS y la equivalencia describen qué relaciones se pueden entrenar, Julio Varela y Carmen Quintana se preguntaron cómo medir exactamente cuándo una relación entrenada se transfiere a un contexto nuevo. Su respuesta es una taxonomía factorial: cada ensayo se define por cuatro factores —
- Dimensión (el dominio al que pertenece el criterio de emparejamiento — una propiedad geométrica, por ejemplo, y no una de color).
- Relación (qué tipo de relación se entrena: identidad, oposición, jerarquía…).
- Modalidad (una propiedad de la forma del propio estímulo — forma, color, tamaño; un eje morfológico, no el canal imagen/palabra/sonido con el que a veces se confunde).
- Instancia (el ejemplar concreto).
Cada factor puede mantenerse Constante entre el entrenamiento y la prueba de transferencia, o Variar. Combinando los cuatro factores en sus dos estados se obtienen quince celdas (la celda cero, en la que nada varía, no es transferencia: es repetición).
El propio trabajo posterior de Varela añade el eje imagen/palabra/sonido como un factor aparte, separado de esta matriz de cuatro factores y ajeno a la taxonomía original de 1995. La implementación de Interlaza conserva esa distinción — la modalidad y el canal sensorial por el que llega un estímulo se registran como cosas distintas, no como una sola etiqueta —, y la adaptación que hace el producto de los términos de Varela no siempre coincide con una primera lectura de los artículos originales.
Dos avisos, porque se malinterpretan a menudo. Las quince celdas son una clasificación, no una escala de dificultad: no está establecido que la celda 5 sea más difícil que la 4, y en los propios datos de Varela hay niños que puntúan más alto en una celda “posterior”. Y la numeración no es un orden de aplicación.
Lo que sí aporta, y es mucho, es una forma de decir con precisión qué se mantuvo y qué cambió entre lo que se enseñó y lo que se probó, que es la pregunta que un porcentaje de aciertos no responde. En Interlaza esa distinción es la que da forma a las sondas de transferencia; el módulo de investigación que reproduce el procedimiento completo de Varela está en revisión metodológica y hoy no está disponible.
¿Por qué importa todo esto?
Porque, juntas, estas ideas explican cómo un niño puede aprender a hablar, leer, categorizar el mundo y razonar simbólicamente con relativamente pocos ensayos directos. El MTS no es la unidad mínima de todo aprendizaje — sigue apoyándose en requisitos previos como atender y discriminar lo básico —, pero sí es el procedimiento que hay debajo de todo eso, y es lo que permite que tan pocos tipos de ensayo escalen a tantas relaciones.
Para un padre o una madre, esto significa que diez minutos de ejercicios pensados para que la relación se transfiera persiguen algo distinto que diez minutos de “estudiar palabras sueltas”, y que la forma de saber si la relación se transfirió es la sonda, no la sensación. Para un profesional, significa que es posible diseñar un programa donde la generalización se planifica desde el principio en vez de añadirse después — aunque si aparece o no sigue siendo una pregunta que responde la sonda, no el plan. Para un investigador o investigadora, significa que el procedimiento tiene granularidad suficiente para responder preguntas que la prueba estandarizada nunca toca.
Si quieres ver cómo Interlaza implementa estos tipos de ensayo en una plataforma adaptativa, lee Por qué Interlaza es útil. Si quieres profundizar en los fundamentos científicos, la página de Ciencia y el artículo de presentación son los siguientes pasos.